miércoles, 7 de marzo de 2012

Capitulo 1:



 Hacía casi cinco meses que salíamos juntos y que nos dimos nuestro primer beso. Fue precioso. Lo mejor que me había ocurrido en la vida. Salíamos en el mismo grupo, pero ese día solo estábamos él y yo. Aburridos. Me dijo que si quería ir al cine. Como amigos, claro. Solo éramos eso, aunque a mí me gustaba desde hacía tiempo. Nunca me había decidido a decirle nada. Vimos «Avatar», aunque yo apenas presté atención a la pantalla. ¡Estaba tan nerviosa! Me temblaba todo el cuerpo. Y de vez en cuando lo miraba para comprobar qué hacía él. Cuando nuestras miradas coincidían, sonreíamos y yo me quería morir. Tenía muchas ganas de darle un beso. Mi primer beso. Pero no sabía si era el momento adecuado. Así que la película terminó y no hicimos nada. Sonrisas, miradas y poco más. Luego fuimos a comer una hamburguesa. Casi no hablamos. Yo no podía apartar mis ojos de los suyos y de sus labios. ¡Me apetecía tanto besarlo! Pero nada, tampoco me atreví a dar el paso en la hamburguesería. Ya daba por hecho de que me iría a dormir sin haber probado su boca. Sin embargo, el destino jugó a mi favor. Eran casi las diez de la noche, la hora a la que mis padres me habían dicho que tenía que estar en casa. Pablo me acompañaba. Y, de repente, comenzó a llover muy fuerte. Cada vez con más intensidad. Corrimos por la calle como dos locos. Hasta que él me cogió de la mano y me guió hasta un fotomatón. Allí estaríamos a cubierto hasta que escampara. Era un sitio muy estrecho, así que casi sin querer, jadeante, me senté sobre sus piernas en el taburete. Y entonces, ocurrió. Me miró intensamente. Como nunca me había mirado hasta entonces un chico. Suspiré. Estaba atacada de los nervios. ¿Iba a hacerlo? Sí. Se lanzó. Cerró los ojos y acercó su cara hasta la mía. Yo también cerré los ojos y, como si fuera la escena final de una película romántica, me dio un beso. Suave. Casi tanto, que apenas noté sus labios. Fue mágico. Eso es todo lo que puedo decir de mi primer beso. A continuación, lo abracé y nos quedamos cinco minutos juntos, sin movernos. Dejó de llover, salimos del fotomatón y caminamos de la mano hasta mi casa. Mi padre, que vigilaba desde la ventana, me echó la bronca cuando me vio besarlo de nuevo al despedirse. Castigada dos semanas. Pero fue un castigo dulce. Y que no cumplí, ya que al día siguiente me perdonó. Aunque ahora esté con una sonrisa, es amarga. Prefiero no pensar más en lo mío con Pablo. Vuelvo a estar sin nadie y como suelen decir, mejor sola que mal acompañada. ¿No? Además, ha cambiado mucho. Ya no es ese chico amable y cariñoso de hace unos meses. Se ha hecho amigo de los repetidores y desde entonces va de malote y se ha liado con varias. Pues por mí que se quede con todas. Ya no le quiero. O eso creo.

¿Cómo sabes si continúas enamorada de alguien? Alicia dice que eso no se sabe, que eso se siente. Que las cosas del amor no se piensan, se experimentan. Ella, cuando quiere, también dice cosas interesantes. Aunque no sé si esto lo leyó en alguna revista para adolescentes. El caso es que, cuando recuerdo lo que tuve con Pablo, las sensaciones son muy contrarias. Y me lío. Pero no sé si el lío lo tengo en la cabeza o en el corazón. En realidad, lo que me gustaría de verdad es volver a enamorarme. Olvidarme de una vez por todas del pasado y encontrar a un chico que me quiera de verdad. Que me cuide, que me abrace cuando esté mal y que me bese en la última fila del cine. Alguien que no vaya de malo, que sea sensible y me comprenda. No sé si pido mucho. Tal vez soy muy exigente y tendría que dejarme llevar un poco más como hace Alicia. Aunque cada uno es como es y necesita lo que necesita. Sólo espero no quedarme sola. Sería horrible. Soy muy joven, lo sé, y no estoy tan mal, aunque me ponga roja por el frío y por el calor. No hay que ser pesimista. Y quién sabe, quizás ese chico del que me vaya a enamorar está más cerca de lo que yo misma pienso. ¿No?

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